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martes, 14 de julio de 2009

Mis bichos 6

Hoy voy a hablar de mi Julia, y con ella entro en la etapa más reciente de mascotas, a partir de aquí ya son de Enri y mías. De aquí en adelante tengo bastante material fotográfico así como vídeos.

Coincidiendo con nuestro primer aniversario nos fuimos de viaje a Cáceres al festival de música étnica WOMAD (fue un pedazo de concierto en una ciudad increíble, una pena que decidieran sacar para las siguientes ediciones el festival de la ciudad). Paseando por los puestecillos hippies vimos un cartel que decía "se regalan gatitos siameses". Los gatitos tenían de siameses lo que yo de Koreano, pero estaban para comérselos. Sabía que a Enri le encantaban los gatos (a mí también) y queríamos tener una mascota, así que de los dos gatitos que quedaban elegimos a la hembra. El nombre de Julia viene de un gato que tenía y se murió que se llamaba Julio.


Me encanta mi Julia. Es un gato con carácter, muy lista y obediente (a veces). Parece más un perro que un gato y no se asusta de nada (gente nueva, ruidos fuertes, escoba, aspiradora...). No es muy de acariciar, sólo en determinadas ocasiones (que cada vez son más) y sólo por mí.

En un principio era muy juguetona: nos tendía emboscadas, jugaba con los juguetes que le comprábamos, nos traía cosas para que se las tirásemos y fuera a buscarlas, se subía a los sitios explorando... Con la entrada de nuestra segunda gata (Turba, en la próxima entrega) cambió radicalmente de carácter y se volvió seria (aunque sigue subiéndose a los sitios altos a explorar).

En este vídeo se ve una actitud muy curiosa que sólo tiene conmigo (y con mi padre cuando viene de visita, el Paco Carreño Original): se pone muy mimosa a ronronear y a restregarse por mis piernas con el fin de que la siga hasta su plato de comida a acariciarla allí. Es en la única ocasión que se la puede ver ronronear.


Y en este vemos otra cualidad también muy curiosa que ya he comentado: Le gusta jugar trayéndonos cosas para que se las tiremos y vaya a buscarlas para traerlas otra vez (como un perro), en este caso una pelota.


Y ahora un pequeña galería de imágenes de mi Julia.


Está feo decirlo, pero Julia es mi favorita.

lunes, 6 de julio de 2009

Mis bichos 5

Hoy voy a contar un poquito más sobre mis mascotas. En esta ocasión le toca el turno a Paul, el Podenco loco.

Paul era un podenco blanco muy bonico. Se lo pilló un conocido mío del pueblo para tenerlo con su novia en Granada. Sin embargo ese verano ella volvió a Melilla a pasar las vacaciones y no se pudo llevar el perro, por lo que ese año Paul pasó el verano en Tíjola, verano en el que este conocido cortó con la novia, así que se le quedó el perro un poco colgado. El curso siguiente, mis compañeros de piso y yo teníamos la intención de pillarnos un perro, y el dueño de Paul nos hizo una oferta: Nosotros lo cuidábamos durante el curso y para las vacaciones en el pueblo se lo podía quedar él (aunque a las primeras vacaciones que fuimos a dejárselo dijo que no quería saber nada del perro, por lo que tuvimos que apañarnos).


Paul estaba loco. No se le podía acariciar, ya que el interpretaba las caricias como juegos, y su manera de jugar era morder. Empezaba suave, pero poco a poco se iba calentando hasta llegar un momento en que atacaba con toda su mala leche y los ojos inyectados en sangre. Ahí para pararlo había que golpearle fuerte y hacerle daño, porque de otra forma no paraba de atacarte y seguía llendo a más.

También era el perro más desobediente y broncas que he conocido. Cuando lo sacábamos a pasear a un descampado donde iba todo el mundo a pasear a sus perros, Paul era el único que se tenía que pelear con todos. En una ocasión lo tuvimos que llevar a urgencias para que le dieran puntos en la cabeza cuando atacó a una Pitbull y esta se defendió.

Para colmo, no hacía sus necesidades cuando lo paseábamos, sino cuando le entraban ganas y donde le apetecíam, ya fuese en el salón, en el pasillo, encima de una cama o por las paredes y muebles de un dormitorio.

En algunas ocasiones (unas 4 ó 5 veces al día) le entraba la locura y comenzaba a correr como un loco por el pasillo chocando con las paredes y saltando al sofá (hubiese quie hubiese).


Al final resultó ser una carga. De los compañeros de piso que estábamos sólo Víctor y yo nos ocupábamos de él y al volver a Tíjola en vacaciones (ya que el que nos lo encasquetó de cachorro no quería saber nada de él) yo no me lo podía quedar porque tenía a mi Dora y al Pituso y en casa de Víctor no lo querían ni ver.

Un día paseándolo por Tíjola llamó la atención de mi vecino y yo le conté su historia y se lo ofrecí como regalo. Él me dijo que tenía unos cuantos podencos más en su cortijo y que todos tenían esa personalidad de locos. Aceptó al perro y se lo llevó a sus tierras donde se hizo el jefe de la manada y pasó de vivir en un piso de estudiantes a vivir en el campo con más de su misma especie y ejerciendo labores de perro cazador, propias de su instinto. Según me contaba, engordó un poco e incluso se volvió obediente.


Desde aquel día no lo he vuelto a ver (y en un par de ocasiones busqué el cortijo de mi vecino pero no lo encontré). No sé si estará vivo aún, pero lo que sí sé es que desde que lo regalé el perro fue feliz (quizá por eso con nosotros en el piso era un auténtico psicópata dominante violento y desobediente). Nunca vi un perro que se marease más en un coche, y los mareos le hacían babear, vomitar, mearse y cagarse, por lo que los viajes eran un calvario para todos.

miércoles, 17 de junio de 2009

Mis bichos 4

Con la tontería de "se regalaba gatica" había dejado un poco de lado la historia de mis bichos (de la gatica nueva, Bagheera, ya haré otra entrada cuando toque).

Hoy voy a hablar del animal que sustituyó el hueco que dejó Aguachinnai (mi primera cobaya) en mi corazón. Lo cierto es que no fue mucho el hueco, ya que como se murió pronto casi no le cogí cariño. Sin embargo yo seguía empeñado en que quería una cobaya así que volví a hablar con mi amigo Emilio y le dije que me trajera otra de su campo, a ser posible que fuese pequeña aún, que no estuviese llena de remolinos y que no tuviese ninguna enfermedad terminal. Ese fin de semana me trajo a Pitusa.


Pitusa era una cobaya de pelo corto marrón y blanca muy parecida a la de esta foto, pero con los ojos rojos y alguna mancha en un marrón más claro. Era pequeña cuando la trajo y desde casi el principio se acostumbró a mi voz y chillaba cuando la llamaba. Al cabo de un mes descubrí que más que Pitusa era Pituso

Para el año siguiente le hice una jaula de dos plantas usando un cajón de armario y tela de gallinero. Le encantaban las pipas, la lechuga iceberg y los tomatitos cherry (todos productos que el verdurero me vendía a muy buen precio), aunque se le veía mucho más feliz cuando al volver a vivir en Tíjola la instalé en el patio y la dejaba suelta. Ahí ya respondía a las voces de toda mi familia e incluso al sonido de las llaves de casa. Se volvía loco llamándonos y, cuando alguien entraba en el patio, se le subía en el pie y empezaba a gritar. ¿Habéis escuchado alguna vez a una cobaya dando voces? Es un ruido muy gracioso, como si estuviese silbando.


Todos estaban ya acostumbrados ya a Pituso y llevaba varios años con nosotros (creo que 4), pero una nochebuena palmó... culpa mía. Y no sé si palmó envenenado o de empacho. El caso es que en nochebuena íbamos a cenar con la familia y volvíamos a la mañana siguiente, así que en lugar de acarrear con la jaula (ya había bastante con tener que llevarnos a Dora) decidí llenarle la jaula de comida, entre la que había lechuga, pipas y cáscaras de habas, que le encantaban también. Al día siguiente estaba bien y se lo había comido todo, pero esa noche cuando volví de marcha completamente borracho me lo encontré en la jaula con convulsiones, y al día siguiente yacía muerto. No sé si fue por la enorme cantidad de comida que ingirió o porque las cáscaras de habas podían estar sulfatadas. Una pena, para ser una cobaya era muy bonico y simpático y a este sí que le cogí cariño a lo largo de los cuatro años que lo tuve. Fue mi última rata.

jueves, 4 de junio de 2009

Se regalaba gatica

Al final ha pasado lo que tenía que pasar. Tantas semanas amamantando a la bicha para sacarla adelante, teniendo mucho cuidado, vigilándola (hasta me la llegué a llevar al curro para que no estuviese 9 horas si tomar el biberón)... El caso es que al final me he encabezonado y nos la quedamos nosotros. Ya somos 3 gatas y un perro.

Bagheera está ya completamente integrada. Come de su plato (y de los demás), hace sus cosas en el cajón, convive y duerme con las otras gatas y se llevan bien.



Ahora mismo es una pechá de reir. Se tira todo el día jugando con todo y con todos o durmiendo. Aquí está muy atareada con una bola de papel.



Y aunque juega con las otras gatas, curiosamente con quien mejor se lo pasa es con Doro, lo cual viene muy bien para que el pobre desgaste algo de energías (que luego sale a la calle endemoniado). Le hace emboscadas, se le tira encima, le muerde y finalmente se queda dormida junto a él, aunque le gusta más acurrucarse ronroneando encima nuestra.



Casi se le han puesto ya los ojos amarillos del todo. Iré poniendo más entradas a medida que vaya creciendo.

martes, 26 de mayo de 2009

Se regala gatica

Pues Bagheera ya va creciendo y se le nota. Para empezar se ha vuelto muy curiosa con todo, y ya es imposible mantenerla dentro de la cuna, en 2 segundos ya está correteando por ahí. Si es que tiene cara de buena...



Las gatas ya la han aceptado. Turba se le acerca y la huele, poca cosa más, pero Julia ya se mete con ella a dormir y a lavarla, aunque ella se lava sola muy bien. Después de un minuto recibiendo minizarpazos con uñas afiladas como alfileres, Julia se rinde y se va.



Además, ya estamos empezando a enseñarle a comer en plato. No creo que tarde mucho en aprender (se acabó el biberón), pero de momento le entra más leche por la nariz que por la boca y se atraganta. Más que beber se embadurna la cara con leche.


lunes, 11 de mayo de 2009

Se regala gatica

Viendo que varias personas me han preguntado por el estado de la gatica que Enri encontró y que estamos criando me he visto obligado a poner esta entrada (y tendré que ir poniendo más). Mirad como ha crecido ya la fiera.



Bagheera ya ha abierto completamente los ojos aunque de momento no ve demasiado bien, pero ya va distinguiendo bultos y se te queda mirando fijamente. Tampoco oye del todo, pero sí un poco. Aunque de momento tiene los ojos azules, en unas semanas cambiarán y se pondrán de su definitivo color amarillo.



Le encanta salir de su "cuna" e inspeccionarlo todo, y eso que aún le cuesta mucho salirse (en cuanto le coja el truco no va a haber quien la pare). De momento ni siquiera anda bien, aun tiembla y se cae. También le encanta acurrucarse con las personas.



Viendo esta carita es normal que le hayan salido ya varios dueños posibles. Me va a dar mucha pena separarme de ella.

martes, 28 de abril de 2009

Se regala gatico

Pues ya han pasado algunos días y la gatica no para de crecer. Aun no anda, más bien se arrastra, pero ya ha abierto los ojos y además ha aprendido a ronronear muy bien.

Le encanta que la cojan y acurrucarse. Y digo "la" porque el veterinario nos lo ha confirmado. Es chica, además de que está sana y todo eso. En cuanto la vuelves a poner en su sitio empieza a maullar para que la vuelvas a cojer.

Le hemos puesto de momento Bagheera de nombre y ya tiene varias posibilidades de casa, entre ellas la mía propia, y es que es muy chungo cuidar un bicho de estos y no encariñarte con ella. Pronto empezará a corretear por ahí incordiando a las dos gatas y al perro, pero ahora mismo es todo cabeza y tripa, porque es una zampabollos. Mirad como se amorra al biberón.

miércoles, 22 de abril de 2009

Se regala gatico

Cual ha sido mi sorpresa hoy cuando he llegado a casa y he visto lo que había recogido Enri... Un gatico. Parece ser que lo ha encontrado en una rambla cuando sacaba a pasear a Doro. Ni rastro de más gaticos ni de la madre, así que no ha podido dejarlo allí y se lo ha llevado a casa.

La cosa es que ya tenemos dos gatas y un perro, y la casa no es especialmente grande, así que si a alguien le apetece tener un gatico (y cuidarlo como es debido), no tiene más que decirlo.

Es negro y aún no sabe ni andar, ni ha abierto los ojos ni nada. Debe tener una semana como mucho. Eso sí, ya ha aprendido a maullar muy bien. Lo estamos alimentando con jeringa y curiosamente mi perro le ha cogido mucho cariño y lo protege. De quien hay que tener más cuidado es de las otras dos gatas.



Bueno, es enano, enano. De momento lo llamaremos "gato". Si aguanta hasta la próxima entrada ya veremos si le ponemos un nombre. Se aceptan ideas.

martes, 21 de abril de 2009

Mis bichos 3

En tercero de carrera vivía con Lina y con Carmenchu. Como era el cumpleaños de Lina le regalé una cobaya albina de pelo largo (más que nada por que me dijo que quería una), a la cual llamó Azulete. La verdad es que era muy bonica y muy graciosa.

Así que yo también me encapriché del bicho y decidí que quería una. Casualmente, mi colega Emilio tenía un criadero de Cobayas en su cortijo (creo que las criaba su hermano). El caso es que le pedí una y a la siguiente vez que fue a Lorca me la trajo. Pero claro, ya no era albina, ni de pelo largo... era más bien de todos los colores que tienen las cobayas, así a pegotes, y con el pelo lleno de remolinos. Quizás de las cosas más feas que he visto. Una cobaya abisina de pelo largo, aunque más de como lo lleva en la foto no le creció el pelo (a azulete sí, de hecho había que pelarla).

Supuse que con el tiempo le cojería cariño, pero era bastante difícil encariñarse de un bicho tan tonto y tan feo. No me importaba intentarlo y la llame Aguachinnai (no me pregunteis a santo de qué venía este nombre porque ni me acuerdo, pero sé que va asociado a Foyiflas y Cuchitrón, y no me acuerdo de qué son). Vaya bicho soso... no hacía nada en todo el día. Por no hacer, ni cagaba ni comía... Al poco tiempo supuse que estaba enferma, porque cuando llevaba más o menos un mes conmigo palmó y esa fue toda la historia de Aguachinnai. Aunque me supuso la iniciación en el mundo de las Cobayas.

sábado, 4 de abril de 2009

Mis bichos 2

Cuando era crío le llevamos a mi tío Miguel y a mi tío Ángel sendos perros pastores belgas, hembra y macho respectivamente, hijos de la perra de mi amigo Lorente. Con el tiempo mi tío Miguel cruzó a su perra Queen con otro pastor belga y de esa camada nació mi perra Dora. Al contrario que su madre Dora no era negra, sino un pastor belga Malinois (pelo corto y marrón con la punta negra).

Dora vivió muchos años, más de los que suelen vivir los perro de su tamaño (creo que 12 ó 13) y durante su vida crió dos veces y tuvo dos embarazos psicológicos, sí, yo no lo sabía pero a las perras les pueden dar embarazos psicológicos: se hinchan, se ponen lactantes, les da el instinto de escarbar una madriguera y al final se desinchan y punto.

Dora realmente era la perra de mi padre que era el jefe de la manada, luego estaba mi madre que era la que le regañaba y la que le daba de comer entre horas (le pelaba los melocotones a la perra, y sí, tampoco sabía que los perros comían melocotones pero si se lo pelabas y se lo troceabas, si se lo dabas entero ni lo olía). Por debajo de mi madre iba mi hermana, luego iba Dora y luego yo, el último mono de la casa (a los ojos de mi perra, no de mis padres). Las veces que crió cualquiera de la familia que se le acercara y cogiera los cachorros era bien recibido menos yo, que sólo con asomarme a la puerta ya me empezaba a gruñir.

Era una perra ladradora y poco mordedora (algo pero poco). Le gustaba destrozar gatos o cualquier bicho que no supiese lo que era, así como atacar a las otras perras y a los machos más grandes que ella, motivo por el cual tuvo que salir a pasear con bozal. Durante todos los años que se le puso el bozal (para salir) no disminuyó ni una pizca su ansia de quitárselo. Iba andando y a cada paso se iba dando zarpazos en el bozal.

Con los perros macho pequeños ya era otra historia, le gustaban mucho. Una vez que estaba en celo se acercaba a la puerta de lado así los perros saltaban un poco hasta la mitad de la puerta para colarse por la reja y engancharse al lomo de Dora. Luego ella se separaba de la puerta y tiraba de los perros, metiéndolos en el jardín. Una vez dentro se tumbaba para que pillaran cacho y ahí es cuando salíamos nosotros a cortar el rollo que desde la ventana lo veíamos todo.

Todo lo que aprendió fue "TOMA", "VAMOS" , "GATO" y "SIT" pero lo de SIT lo hacía sólo si le apetecía hasta que con el tiempo fue pasando a estar todo el día tumbada y lo le costaba era "VAMOS" ("TOMA" y "GATO" siempre llamaron su atención).

Con la edad a la pobre empezaron a salirle bultos que se le fueron operando hasta que ya eran poco útil operarla y fue sacrificada. Mi padre y mi hermana fueron a enterrarla por ahí.

viernes, 27 de marzo de 2009

Mis bichos 1

Hoy empiezo una nueva sección (y ya van unas cuantas), que es la historia de mis bichos, que he tenido algunos. A todos les guardo bastante cariño, y aquí voy a ir recordándolos.

En primer lugar, de crío crío (con unos 8 ó 9 años) como no tenía mascota, empezó una época de intentar criar un pájaro. ¿Quién no ha rescatado alguna vez algún pajarillo caído de un nido y se lo ha llevado a casa a cuidarlo?... en los pueblos es bastante normal. Pues antes de uno que me durara hice varios intentos breves hasta que llegó mi primera mascota reconocida: Pio-Pio. Sí, el nombre es una mierda, pero aunque era mío se lo puso mi hermana que era friky de Heidi.

Pio-Pio era un avión zapador caído de un nido (muy parecido a las golondrinas). Como los aviones desde el suelo no pueden despegar son un blanco fácil para los críos (y los gatos, los perros, etc...). Éste digamos que tuvo algo de suerte (en principio) porque lo rescaté yo, que quería cuidarlo, en lugar de cualquier otro ser que quisiera hacerle daño.

Le puse una caja de zapatos en mi cuarto y lo alimentaba con alpiste. No debía estar mal del todo cuando al poco tiempo ya ni se asustaba de mi e incluso comía de mi mano. No sé ni cuanto tiempo me duró, pero sí recuerdo llevármelo en verano a la playa (cosas de críos) y también recuerdo que murió de frío en invierno (ahí entendí por qué migraban), o sea, que al menos 6 meses sí que me duró. Nunca la vi volar porque se acomodó a la vida sedentaria. Quizás si en invierno le hubiese puesto algo para que se calentara... en fin, qué se le va a hacer.

Y esta es la breve historia de Pio-Pio, mi primera mascota reconocida. Como no duró mucho tampoco hay mucho que contar.